
Sin dudas que a Iquique sólo le hace falta un buen literato para que por esos asuntos de “realismo mágico” estuviéramos en los principales titulares de los medios informativos más importantes del mundo.
Sin dudas, porque lo que está pasando en nuestro querido puerto es digno de la más aclamada obra literaria.
Con soltura de intereses podríamos decir que acá el Teatro del Absurdo se hace carne y sangre. Somos el sumo de la estupidez, o sea la tontera es nuestro sinónimo más real y conciso.
Revisemos porque decimos eso. Primero que nada esta ciudad no debería llamarse Iquique, sino algo que tenga que ver con el apellido Soria. Podría ser Soriapolis, Soriatown, Soriaburgo o algo por el estilo, ya que aquellos que se dicen apoyadores o seguidores del alcalde Soria, no aceptan disidencias. Cualquiera persona que sea crítico de Soria y su gestión “no es iquiqueño” y es conminado a retirarse con monos y petacas de la ciudad.
Estos llamados “soristas” poseen la misma intransigencia que llevó a este país al caos y el odio en el gobierno de Salvador Allende y que nos tuvo rindiéndole honores al color gris durante 18 años, junto al “viejito” del Riggs. No podemos caer en eso si somos verdaderamente demócratas.
Más materia prima para una novela de “realismo mágico” ¿Usted pagaría una asesoría cultural a una persona que no está capacitada para esa tarea? Bueno, eso se hace en Iquique y lo hace nuestra alcaldía con una concejala. Mirtha Dubost ha recibido dos millones de pesos durante dos meses por “asesorar al Teatro Municipal en materias culturales”. ¿Asesoría u otra cosa? Que los lectores lo discutan. Pero sospechosamente la concejala ahora es acérrima apoyadora de Soria y su gestión y antes eran enemigos que no se podían ver. Como dijo Tomás Moluán en su libro “El Consumo me consume”, simplemente “el poder los une, el poder los corrompe, el poder los iguala”.
Cosa similar pasa con el concejal Iván Pérez Valencia, quien tiene a varios pobladores cazados con dineros que no se saben donde fueron a parar y fue la razón por la cual el alcalde de Alto Hospicio Ramón Alberto Galleguillos lo echara del cargo que ostentaba en la municipalidad de nueva comuna. Acá en Iquique fue recibido con mucho agrado y hoy forma parte del grupo de Soria. Al fin y al cabo es un voto, que puede ser decisivo en una votación que dé empate.
Y sigo con el realismo mágico. Somos la tierra de los fanatismos. Acá está presente el fanatismo religioso, y no lo decimos por esta fuerte devoción que hay por la Virgen del Carmen de La Tirana, sino hacia caciques políticos, comenzando por el mismo alcalde. ¿Han escuchado las declaraciones del concejal Lozano? Parece el sumo sacerdote de una nueva religión o de un Mesías de carne y hueso encarnado en la persona del alcalde Jorge Soria. No existen razones, ni argumentos para Lozano, sólo el obedecer en forma fiel y sistemática a su líder. Sabemos que la parte inferior del cerebro desarrollada en nuestros ancestrales hombres primitivos, permitió eso de “seguir a un líder”, para nuestra sobrevivencia, pero en el tercer milenio creemos que eso podría estar ya en la historia de la raza humana. En Iquique no. Es parte de lo cotidiano. ¿Realismo mágico de nuevo?
¿Y la tenencia del Municipio? Bueno acá se seguirá desarrollando una especie de Guerra Santa en contra de los infieles (llámese aquellos contrarios a Soria) por parte de quienes hoy ostentan el poder en el gobierno comunal y darán la guerra hasta las últimas consecuencias, debido a que existe mucho por ganar y también mucho que perder. Obviamente, todo esto se traduce en una ciudad muy sucia, barrios abandonados, plazas destruidas o semiconstruidas, avenidas sin luz pública y una serie de hechos que al contarlos podríamos llenar más de un libro. Es decir, acá se está jugando con todos aquellos humildes y postergados, quienes deberán seguir esperando que 8 personas (que entre todos no llegan a 20 mil votos, es decir un 20 por ciento de la votación total de la ciudad), decidan qué hacer o quién se pondrá la camiseta de alcalde reemplazando a uno de los más antiguos caudillos de Chile, el alcalde Jorge Soria Quiroga.
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