viernes, 28 de julio de 2006

La vida es navegar


Fue en junio de 1973 cuando del colegio nos mandaron para la casa. No habría clases porque la escuela debía ser ocupada en otras cosas. Pasaron varios meses. En octubre recién volvimos a clases. Volvimos hacia lo nuevo que muchos llamaron “tranquilidad”, “hacer Patria” o simplemente “nueva educación”, bajo un “nuevo orden”. Sin duda que se posesionaba el gris por encima de los demás colores del arcoiris.

Lo nuevo en la escuela. Todos debíamos aprender a bailar “la cueca”, nuestra danza nacional. Era tedioso para nosotros como jóvenes estudiantes tener que aprender como bailaban los patrones de fundo, con quienes nunca nos habíamos sentido familiarizados. Pero las órdenes había que obedecerlas. En el gimnasio de mi escuela estábamos listos para el desafío. Me saqué un 6.5, creo que fui uno de los peores, porque esa tarde volaron los “7”. Las cuecas y yo jamás hemos sido tan cercanos.

Al regreso a casa, la familia ya estaba reducida. Un tío paterno había hecho sus maletas y había regresado a la Argentina. Allá había de todo, en especial el respeto por las personas. Los primeros días del Gobierno Militar nunca pude entender la odiosa tranquilidad que se había apoderado de nuestro país, era como vivir la antesala a la tormenta, que vino después y ¡qué tormenta!, aún se lamentan hoy día las personas que tomó por sorpresa la tempestad. A otras nunca más los vimos…

Pasó el tiempo y salimos de clases. El verano del 74 fue especialmente brutal. Sus calores se recuerdan hasta hoy. Durante ese tiempo se me ocurrió que debía construir, como para hacer algo que se tiñera de trascendencia. Con mis amigos del barrio nos propusimos hacer un barco. Una especie de lancha o balsa, pero con un hermoso y blanco velamen para que nos llevara al fin del mundo.

El ingeniero asociado fue mi abuelo. A él le pregunté casi todos los detalles de nuestro velero. Se llamaría el Andrea I. Al principio todos desbordábamos en entusiasmo y después de la típica “pichanga” de la mañana nos íbamos a mi patio a seguir construyendo el Andrea I. A esas alturas, dejé que mi niñez llenara mi vida. Los militares habían cambiado la política por patriotismo. Todos los meses estaban dedicados a algo. El que más me gustaba era el Mes de Mar. Para mi, eso era la locura en esencia.

Con el paso de los días mis tripulantes y marineros se me comenzaron a agotar. Lo de siempre: terminé con el trabajo solo. Mi abuelo se llenaba de orgullo al ver como avanzaban los trabajos en el astillero “Torres” y como el barquito comenzaba a tomar forma. Fueron momentos sublimes. Una vez en mi vida tomé conciencia de que estaban todas las personas que amaba juntas. El barco logró la unión.

Mi mamá fue la madrina, y como era niño le reventó en el casco una botella de refresco. El que más me gustaba en ese entonces: Piña Nobis.

Mi barco nunca navegó… sólo en mis sueños. Mi barco al paso de los meses y los años se convirtió en un gallinero. Sus velas nunca fueron infladas por el viento. Pero mis sueños de navegar aún subsisten. Al derecho de la libertad que a más de medio Chile le habían arrebatado nuestros grises gobernantes había que sembrar la esperanza.

El Andrea I encalló en mitad de mi corazón y estará allí hasta el día del adiós final, navegando, simplemente navegando…

domingo, 23 de julio de 2006

Iquique es Macondo


Sin dudas que a Iquique sólo le hace falta un buen literato para que por esos asuntos de “realismo mágico” estuviéramos en los principales titulares de los medios informativos más importantes del mundo.

Sin dudas, porque lo que está pasando en nuestro querido puerto es digno de la más aclamada obra literaria.

Con soltura de intereses podríamos decir que acá el Teatro del Absurdo se hace carne y sangre. Somos el sumo de la estupidez, o sea la tontera es nuestro sinónimo más real y conciso.

Revisemos porque decimos eso. Primero que nada esta ciudad no debería llamarse Iquique, sino algo que tenga que ver con el apellido Soria. Podría ser Soriapolis, Soriatown, Soriaburgo o algo por el estilo, ya que aquellos que se dicen apoyadores o seguidores del alcalde Soria, no aceptan disidencias. Cualquiera persona que sea crítico de Soria y su gestión “no es iquiqueño” y es conminado a retirarse con monos y petacas de la ciudad.

Estos llamados “soristas” poseen la misma intransigencia que llevó a este país al caos y el odio en el gobierno de Salvador Allende y que nos tuvo rindiéndole honores al color gris durante 18 años, junto al “viejito” del Riggs. No podemos caer en eso si somos verdaderamente demócratas.

Más materia prima para una novela de “realismo mágico” ¿Usted pagaría una asesoría cultural a una persona que no está capacitada para esa tarea? Bueno, eso se hace en Iquique y lo hace nuestra alcaldía con una concejala. Mirtha Dubost ha recibido dos millones de pesos durante dos meses por “asesorar al Teatro Municipal en materias culturales”. ¿Asesoría u otra cosa? Que los lectores lo discutan. Pero sospechosamente la concejala ahora es acérrima apoyadora de Soria y su gestión y antes eran enemigos que no se podían ver. Como dijo Tomás Moluán en su libro “El Consumo me consume”, simplemente “el poder los une, el poder los corrompe, el poder los iguala”.

Cosa similar pasa con el concejal Iván Pérez Valencia, quien tiene a varios pobladores cazados con dineros que no se saben donde fueron a parar y fue la razón por la cual el alcalde de Alto Hospicio Ramón Alberto Galleguillos lo echara del cargo que ostentaba en la municipalidad de nueva comuna. Acá en Iquique fue recibido con mucho agrado y hoy forma parte del grupo de Soria. Al fin y al cabo es un voto, que puede ser decisivo en una votación que dé empate.

Y sigo con el realismo mágico. Somos la tierra de los fanatismos. Acá está presente el fanatismo religioso, y no lo decimos por esta fuerte devoción que hay por la Virgen del Carmen de La Tirana, sino hacia caciques políticos, comenzando por el mismo alcalde. ¿Han escuchado las declaraciones del concejal Lozano? Parece el sumo sacerdote de una nueva religión o de un Mesías de carne y hueso encarnado en la persona del alcalde Jorge Soria. No existen razones, ni argumentos para Lozano, sólo el obedecer en forma fiel y sistemática a su líder. Sabemos que la parte inferior del cerebro desarrollada en nuestros ancestrales hombres primitivos, permitió eso de “seguir a un líder”, para nuestra sobrevivencia, pero en el tercer milenio creemos que eso podría estar ya en la historia de la raza humana. En Iquique no. Es parte de lo cotidiano. ¿Realismo mágico de nuevo?

¿Y la tenencia del Municipio? Bueno acá se seguirá desarrollando una especie de Guerra Santa en contra de los infieles (llámese aquellos contrarios a Soria) por parte de quienes hoy ostentan el poder en el gobierno comunal y darán la guerra hasta las últimas consecuencias, debido a que existe mucho por ganar y también mucho que perder. Obviamente, todo esto se traduce en una ciudad muy sucia, barrios abandonados, plazas destruidas o semiconstruidas, avenidas sin luz pública y una serie de hechos que al contarlos podríamos llenar más de un libro. Es decir, acá se está jugando con todos aquellos humildes y postergados, quienes deberán seguir esperando que 8 personas (que entre todos no llegan a 20 mil votos, es decir un 20 por ciento de la votación total de la ciudad), decidan qué hacer o quién se pondrá la camiseta de alcalde reemplazando a uno de los más antiguos caudillos de Chile, el alcalde Jorge Soria Quiroga.

jueves, 20 de julio de 2006

Los años de infancia

Salvo raras excepciones todos guardamos recuerdos hermosos de nuestra niñez. Son los momentos que sin duda asimilamos durante toda la vida. Traigo a la memoria esos instantes, porque un día como cualquier otro, se me ocurrió, es decir pensé (siempre hay una primera vez), hacer algunas comparaciones, entre ni niñez y la que están viviendo nuestros hijos y nietos.

En mi tiempo, lo ideal era tener un grupo de amigos. La tradicional “patota”. Ser el jefe era óptimo. Te sentías como dueño del mundo. Un día tradicional era levantarse temprano y salir a recorrer por los lugares alejados de la ciudad. Así, todos montados en bicicletas nos acercábamos al lugar donde se construiría un aeropuerto, años más tarde se llamó Pudahuel. Hoy lleva el nombre de un aviador famoso.
Después de llegar por esas campestres estancias cerca del aeropuerto, tomábamos hacia el tranque de Barrancas. Allí la dicha misma, porque nos poníamos a pescar “carpas” (son unos pescaditos muy sabrosos). El ganador era quien sacaba más y podía ser el jefe de la patota por una semana.
Al regreso, y cuando el sol comenzaba a caer, venía la velada nocturna. Hacíamos competencias con las “bandas o grupos” de otros sectores. Escondíamos tesoros (generalmente dulces) en un sitio predeterminado. Los ganadores que encontraban dicho tesoro, imponían duras penas a los perdedores, como ser esclavos por algún tiempo. Ser esclavo significaba dar tu pan en el colegio y comprarle jugos, manzanas y bebidas. Era nefasto para el pobre presupuesto de niño republicano, antes del advenimiento del César por allá por 1973.
Y sigo con los recuerdos. Otras de las jugadas claves era salir a cazar lagartijas y en su defecto, con la onda hacer puntería a los aisladores de los postes de alta tensión. En algunos casos se nos ocurría tirarle a los pajaritos. Hoy cuando soy un viejo, me doy cuenta que grande fue Dios, porque no maté ninguno. No hubiera podido dormir en semanas.
Finalmente y más cotidiano era jugar al trompo, a las bolitas, es decir a los tres hoyitos y al yo-yo. Hoy la ciencia y la técnica han borrado esa vida de aventurero que tuvo mi infancia. No puedo entender como va a ser más entretenido el matar marcianos en una fría máquina que salir a explorar tu entorno. Conocer gente, ver correr a los ratones de campo, o ver volar a los pájaros. Hoy me siento como un aventurero de final de siglo, con la certeza que el mundo ya no será lo mismo y que las actuales generaciones son simplemente informáticas. Igual doy gracias a Dios por haber tenido esos momentos, con mi gente, con mis amigos y con mi completa familia, padres y abuelos incluidos, en un barrio olvidado en el fin del mundo llamado “San Pablo con Matucana” cerca de la Estación Central, donde los “guapos toman en damajuana”.

¡Y en inglés ahora!

The years of childhood

Except for rare exceptions all we kept beautiful memories from our childhood. They are the moments that without a doubt we assimilated during all the life. I bring to the memory those moments, because a day like any other, it was happened, it is to say I thought to me (always there is one first time), to make some comparisons, between our childhood and the one that our children and grandsons are living.
In my time, the ideal era to have a group of friends. Traditional "patota". To be the head was optimal. You felt like owner of the world. A traditional day was to rise early and to leave to cross by the moved away places of the city. Thus, all mounted in bicycles we approached the place where an airport would be constructed, years later Pudahuel was called. Today it takes the name of a famous aviator.
After arriving by those rustic stays near the airport, we took towards strides along “Barranacas” lake. There the same happiness, because we put ourselves to fish "carps" (they are very flavorful little fishes). The winning one was the one who removed more and could be the head of patota by one week.
To the return, and when the sun began to fall, the nocturnal evening came. We made competitions with the "bands or groups" of other sectors. We hid treasures (generally candies) in a predetermined site.
The winners who found this treasure, imposed hard punishments to the losers, like being enslaved by some time. To be enslaved meant to give your bread in the school and to buy juice, apples and drinks to him. He was ominous for the poor man estimated of republican boy, before the coming of the Caesar by there for 1973.
And I follow with the memories. Others of the key plays was to leave to hunt small lizards and in their defect, with rocks to aim to insulators of posts high tension. In some cases it was happened to us to throw to him to the little birds. Today when I am an old one, I realize that great was God, because I did not kill any. It had not been able to sleep in weeks.
Finally and daily was to play spin a top, small balls, is to say to the three little holes and “Yo – Yo”. Today science and the technique have erased that life of adventurer who had my childhood.
I cannot understand as it is going more to be entertained killing Martian in one cold machine that to leave to explore your surroundings. To know people, to see run to the field mice, or to see fly to the birds.
Today I feel like an adventurer of end of century, with the certainty that the world no longer will be the same and that the present generations are simply computer science.
Equal I thank to God to have had those moments, with my people, my friends and my complete family, parents and grandparents including, in a district forgotten in the aim of the called world "San Pablo with Matucana", near to Central Station, where the "guapos toman en damajuana".

domingo, 16 de julio de 2006

Apuntes


Muchas veces nos detenemos frente al calendario y nos asombramos porque sin darnos cuenta ha pasado el tiempo. Eso me pasó cuando quise destruir una serie de cuadernos con poemas y centenares de notas que había tomado de mis viajes. Simplemente no pude. Había en aquellas hojas, tantas vivencias y recuerdos que no quise arrojarlos así tan presuroso por la borda.

Comencé entonces a seleccionar esos versos que más de una noche me dejaron sin dormir, y con paciencia los puse en un libro. Al término, lo que estaba haciendo era una pausa en mitad de este camino llamado existencia.

Esta actividad, a modo de pequeño resumen o balance, se transformó en otra causa para el desvelo. Editar un libro es para todo escribano un sueño. Un sueño que tampoco deja dormir.

Aún así, y de insomnio en insomnio, comencé a juntar estos versos, a recordar los motivos por los cuales escribí, y a las personas que me lanzaron a la pluma y al papel, y principalmente volver a vivenciar la pasión que impulsó a mi ser a desarrollarlos.

Una vez leí por ahí que Neruda había sido felicitado por unos nuevos versos. El poeta dijo que si él no los hubiera escrito, hubieran crecido como la hierba, porque su fin era la existencia. A muchos años de leer ese comentario, creo recién entender lo que Neruda dijo. La existencia de estos humildes versos y escritos es intrínseca. Son, simplemente porque “son”.

Cuando conocí Iquique lo primero que hice fue correr al mar. Mi madre hablaba - casi todos los días - de su puerto y de su mar. Por eso este pequeño e importante puerto estaba en mi sangre.

Ese mismo día y sabiendo que mi permanencia en este hermoso y lejano sitio, se convertiría en algo mágico y trascendental, bauticé a Iquique, como mi “Puerto de Palos”. Dos motivos tuve para eso. Primero, desde aquí llegaría a nuevos continentes y conocería nuevas tierras, y segundo, porque este puerto tuvo sus orígenes en madera. En pino oregón dice la historia.

Una cosa extraña: jamás en mis viajes, se presentó la necesidad de escribir poesía como cuando estuve en este norte de Chile. Creo que de esa manera este Norte Grande (eso lo acuñé de Andrés Sabella) me reconocía como hijo suyo. Era como vivir la parábola del hijo pródigo, pero hasta el día de hoy no sé quien ha vuelto. No creo ser el hijo que vuelve. Creo que ha vuelto el nieto. Mis antepasados emergieron junto a las salitreras, al sol, al desierto y al mar. Creo ser el depositario de su integridad, de su cultura y de su amor por esta tierra.

Hoy, cuando hago un alto en el camino, creo haber interpretado mi permanencia en estos rincones desérticos como un regreso y una asimilación de una forma de vida que no se da en otros lugares. Estoy feliz entonces, de entregar, estos textos, a mi Norte Grande, a la ciudad que me ha adoptado y a la gente que me rodea. Son ellos los verdaderos depositarios de estas vivencias, que no son otra cosa que pequeños ejemplos de la vida de un trotamundo, de su existencia y de esa magia que llamamos amor, que mueve al mundo, al entero universo... a Dios ¿cierto?

jueves, 13 de julio de 2006

Evil Woman




Existe en nuestro inconsciente colectivo el creer que algunas mujeres son algo así como brujas, como demonios (evil woman) y que están simplemente para destrozar nuestras existencias. Algunos, los más doctos y educados hablan de las femme fatale.

Quizás, la visión que posean las mujeres con respecto a nosotros los hombres, las haga mucho más sensibles para algunas cosas o situaciones. Quizás, la vida de ellas esté en un plano más elevado que el nuestro, que pasamos sumidos en lo cotidiano y no atisbamos lo que nuestras mujeres realizan. Nuestra queja más común es : ¿quién entiende a las mujeres?

Mujeres con estas características no han tenido un buen pasar a través de la historia. En la Edad Media, muchas de ellas con “ciertos poderes elevados” fueron quemadas por brujas, por tener contactos con el demonio e incluso por “haber tenido sexo” con el maligno.

La ciencia en la actualidad se ha encargado de sacar esa pesada carga histórica de las mujeres y ha iniciado estudios al respecto.

Se ha llegado a comprobar que ellas son más sensibles en planos sensoriales, que pueden concentrarse con mayor facilidad que nosotros y a la vez que su mente es mucho más poderosa cuando se trata de plasmar cosas abstractas con la realidad. A modo de un simple y común ejemplo, muchas mujeres viven soñando, en especial con sus principales azules y cosas por el estilo.

Entonces, ¿qué pasa con nosotros? Simplemente, la vida nos aleja un poco de este mundo donde algunas mujeres pasan sumidas. Lo material, la vida en estas tres dimensiones (alto, ancho y grosor), que nos aprisionan, no nos dejan despegar. Sin duda que la prisión es culpa nuestra. Hemos abrigado un mundo, donde todo lo que tenga que ver con dinero y materialismo significa éxito, y no hay hombre que no desee mostrar “ese éxito”, si se trata de conquistas femeninas.

Mientras nosotros nos preocupamos de la Bolsa de Valores o del fútbol, las mujeres leen indiscriminadamente los horóscopos que aparecen en diarios y revistas. Muchas de ellas llaman al Fono Tarot, para saber qué les depara el futuro y cosas por el estilo, como por ejemplo consultar a estas llamadas “adivinas”. Ahora, por cierto, se comienzan a notar las diferencias. Somos una suerte de conflicto anticipado, pero sigo insistiendo, no es culpa nuestra. Tal vez, dicen los estudiosos que hemos consultado, la diferencia esté en nuestra constitución o en nuestra herencia de miles de años de evolución. De hecho, la diferencia hasta el momento ha sido beneficiosa, estamos en el tope del árbol de la vida en este planeta, a pesar de ser mamíferos como los demás animales adelantados que pueblan este insignificante punto azul en el Universo, llamado Tierra. Un lugar donde el polvo de estrellas llegó a tener conciencia, un lugar donde hombres y mujeres pueden todavía labrar un futuro mejor y más sano que el actual, a pesar de las diferencias de la especie.

martes, 11 de julio de 2006

Una máquina del recuerdo



Son tantas las cosas que nos conectan con algunos recuerdos que tenemos guardados en lo más profundo de nuestro ser, que a veces, simplemente no las podemos dejar de lado o irnos en la profunda interrogante de la negación.

Hoy, un amigo de esos que Dios te pone por delante, llegó a la redacción del diario donde trabajo con una máquina de escribir "Olympia Splendid 33". Al verla casi lloro, no se si de emoción, pero un extraño sentimiento me recorrió como cuando hice esa primera nota a la Feria del Libro, cuando ésta se hacía al lado del Museo de Bellas Artes en Santiago y no era más de cuatro o cinco módulos de cholguán y mal construidos. Cuando mis primeros pasos me llevaron a contactarme con Fracisco Herreros en la revista Cauce y me las di de gran periodista aún cuando no sabía como la realidad me estaba dando sólo un primer aliento de cronista de época.

Ese día en la oficina de la "Cauce" en el Puente del Arzobispo, por primera vez me senté a redactar en forma profesional... ¿sabe que me pasaron para escribir ni nota? ¡Una máquina de escribir Olympia Splendid 33!, como la que ahora uso para escribir esta nota, que más parece cuento de abuela sentimental, que una parte trascendental de la vida.

El día de hoy cuando todos están preparados para asistir a los centros de diversión de la ciudad, vuelvo a recordar los momentos que viví hace mucho tiempo, cuando no sabía que existía un norte, tan seco, tan desértico y tan hermoso, con un mar que desde hace mucho me ha dado las alas para volar con la imaginación de un niño...

¡Gracias Toto! por traer este pedazo de historia a mi existencia. Tal vez esté siendo hipebólico, pero ustedes no saben la felicidad que me produjo digitar en estas teclas, que más parecen un legado del pasado a quienes nos movilizamos en este asunto de la computación y la informática.

¿Y ahora qué? A pasar este texto en papel escrito con la Olympia al computador. ¿Cierto que me di un gusto?... hay cosas que nunca podrán ser reemplazadas... una simple máquina de escribir por ejemplo.

jueves, 6 de julio de 2006

Soy



Bohemio empedernido
Nostálgico impenitente
Practicante de colores modernos
Sufrido de cuerpo y alma
Gracioso de tierra y sol
Poeta del silencio
y del tercer milenio
Anciano de amores
Buscador de bellezas
Seductor de juegos
Ciego por la luz de tus ojos
Exiliado del mercado
(aún creo en los sentimientos)
jinete del arco iris
luz en la luz de la montaña
paria del neoliberalismo
pobre sin miserias
un dulce amante de primavera
hombre que mira a los ojos
que cree en la honestidad
y que no podría vivir sin Dios…

Soy un guerrillero del alma
Un creyente irracional
Un canalla de las letras
Socialista sin marcas (ni cargo)
Un suspiro de la nada
Doliente sin pausas
Lector sin remordimientos
Vendedor de juegos reales
Apasionado sin calmas
Musicólogo aficionado
Fumador de tabaco negro
Antifascista por decisión propia
y por defender la vida,
enfermo crónico de amor y
sostenedor de la cruz
(aquella que llevaba el Maestro).

Soy esencia de montes
Maestro de sinfonías
locas y eternas
Caminante solitario
de bosques y desiertos
Padre de un hijo
sutil y hermoso
Compañero de alguna mujer
sumida en delirios
Alpinista de los mares
Defensor de indigentes
Carpintero de cuanto
libro escriba
Soñador y loco de remate
que espera tontamente
tu regreso…



Iquique, 31 de Diciembre de 1999.
(Cuando faltan apenas seis horas para el 2000).

Como ser un gran escritor



(Variaciones de un poema de Bokowsky)


Tienes que cogerte a muchas mujeres

bellas mujeres

escribir unos pocos poemas de amor decentes

y no te preocupes por la edad

y/o los nuevos talentos,

sólo toma más y mas y más vodka.

Juega al azar por lo menos una vez a la semana

y gana

si es posible,

aprender a ganar es muy difícil,

cualquier imbécil puede ser un buen perdedor

y los hay por millones

y no olvides a tu Mozart, tu Bach, tu Beethoven y tu vodka.

No te exijas,

duerme hasta el mediodía

evita las tarjetas de crédito

o pagar cualquier cosa en cuotas,

no te olvides que no hay en todo el mundo

ni siquiera un buen pedazo de culo que cueste más de 30 lucas,

y si tienes capacidad de amar

ámate a ti mismo en primer lugar,

pero siempre sé consciente de la posibilidad de la total derrota,

ya sea por las buenas o malas razones,

o las infaltables piedras en el camino de los desconocidos de siempre.

Un sabor temprano de la muerte no es

necesariamente mal cosa,

quédate afuera de las iglesias, los cultos, los salones del reino,

las parroquias y los bancos,

son todas ellos de la misma creencia

y como las arañas sé paciente,

el tiempo es la cruz de todos

más el exilio, la derrota, la traición es el apostolado de muchos,

la basura de todos

por eso quédate con el vodka...

el vodka es continua sangre viva

una amante perpetua.

Agarra un buen Mac, ojalá G4 o G5

y mientras los pasos van y vienen

más allá de tu ventana

dale duro a esa cosa, a esas teclas, dale duro, muy duro

haz de eso una pelea de peso pesado

haz como el toro en la primera embestida

y recuerda a los perros viejos

que pelearon tan bien:

Neruda, Cioran, Poe, Lautremont, Wittman, Hemingway, Bokowsky

si crees que no se volvieron locos

en habitaciones minúsculas

como te está pasando a ti ahora,

sin mujeres,

sin comida,

casi sin esperanza...

entonces no estás listo

toma más y más vodka

hay tiempo

y si no hay

está bien igual.

Por mientras, sigue con el vodka…

¿Dónde quedaron?



Estoy con mucha nostalgia, porque el otro día junto a mis colegas, en uno de los almuerzos, nos pusimos a recordar a los personajes que eran parte de nuestra vida diaria y que con el tiempo se perdieron, porque sus oficios ya no fueron necesarios en nuestra sociedad actual, cargada, mejor dicho, teñida a la fuerza con neoliberalismo.

En esa tarde de almuerzo y recuerdos, mi mente se alegró por volver a recordar a tantas personas que estaban presentes en nuestra niñez. No estoy seguro que hayamos vivido las mismas circunstancias que vivieron los nortinos, porque mi realidad fue santiaguina. Pero, tal vez algunas cosas fueron casi las mismas o por lo menos similares.

¿Se acuerdan ustedes del ropavejero? Era un hombre que compraba la ropa antigua y las echaba en un saco. Me lo recordaban cada vez que no quería tomarme la sopa. Mi abuela abría sus grandes ojos, profundamente negros y me decía: «si no te tomas la sopa te voy a entregar al hombre del saco». El terror mismo y mi panza llena de sopa. De esa con harta enjundia, la de huesos de osobuco. Era horrible, pero el hombre del saco era todavía peor. Tenía un colega de silueta similar, pero que compraba botellas y diarios viejos.

Otro personaje era el que engrasaba las cortinas de los negocios. En un tarro lleno de una grasa tan negra como los ojos de mi abuela y una varilla muy larga, ofrecía su trabajo. Cuando era contratado con esa varilla, engrasaba las correderas de las cortinas de los negocios, especialmente de los de abarrotes. Ahora con los supermercados los negocios también se han perdido.

Si seguimos escarbando en los recuerdos nos encontramos con el «maestro de los somieres». También a voz en cuello ofrecía su servicio. La gente le entregaba el somier malo y éste en la puerta de las casas se ponía a trabajar. Con alambres y herramientas, las más raras que he visto en mi vida, les dada más tiempo a los pobres somieres. Su negocio se ampliaba, porque también arreglaba catres. Ahí escuché la frase «este compadre es rompe - catres». En esa ocasión no entendí nada. Al paso de los años y en «carrete» (raro en mí) me acordé de la situación y me volví loco riéndome.

Un hombre de siniestra figura recorría mi barrio, en Matucana con San Pablo. Su voz, mejor dicho, su vibrato al gritar sus servicios jamás se me olvidará. Decía: «gasfiterrrriiiia y talabarrrrrterrrrriiiiiiaaaaa», marcando mucho las erres.

Otros de los oficios que los tiempos de la computación obligó a pasarlos al olvido. Antes que me olvide también estaba el vendedor de motemei «calientito el motemei». Tampoco me puedo olvidar del afilador, que mucha risa causa en reuniones de amigos cuando se escucha su armónica emitiendo esa extraña melodía. De inmediato, los rápidos mentales se apuran en aconsejarte que no salgas a la calle, por que “anda el afilador”.

Y para cerrar esta nota cargada a los recuerdos voy a dar una lista de oficios que aún se mantienen a pesar de los tiempos: el volantinero, el vendedor de helados, de palomitas de maíz, el querido canillita (que vende diarios) y otros que tal vez se me escapan.