sábado, 26 de agosto de 2006

Vampiro F.M.



En los años más oscuros de la dictadura del innombrable, un grupo de amigos y quien escribe – o mejor dicho – quien recuerda, se nos ocurrió jugar al peligro. En esos tiempos disentir del régimen era muy peligroso. Muchos desaparecieron para siempre. Pero nosotros amparados en la juventud rebelde, decidimos hacernos sentir, a pesar de todo.

Con equipos de comunicación radial obsoletos y con la simple cápsula de un micrófono inalámbrico y gracias a la ayuda de un verdadero “Giro Sin Tornillos” como era nuestro amigo “Pachito” (un metro cincuenta de puro cerebro electrónico) se armó un transmisor radial.

Las pruebas las hicimos en las cercanías de la Plaza Cádiz en el honorable barrio Independencia y allí pudimos comprobar que nuestra cobertura era de unas 10 cuadras a la redonda. La felicidad misma. Entrábamos al mundo de la radiofrecuencia por la ventana y en forma clandestina. A los dos días la radio pirata tenía nombre… se llamaría “Vampiro F.M.” por sus transmisiones las que comenzarían a las 23 horas en forma puntual y hasta las primeras horas del día siguiente antes que saliera el sol.

Allí llevé mis dos tornamesas (tocadiscos) y mi arsenal de música. En esos años ponía música en fiestas, así que coleccionaba vinilos, muchos de ellos con versiones alargadas de los temas de moda, los famosos “12 pulgadas”. Puntualmente, y después del colegio llegaba donde Panchito a conseguirnos alguna casa donde instalarnos para transmitir. Esa parte era la más tediosa y porque a muchos les daba miedo el asunto. ¡Y era para temer! Los equipos de la represión del gobierno militar contaban con sofisticados equipos para evitar todo lo que se hiciera o dijera en contra del innombrable. Nuestra movilidad era la salvación.

Volviendo a las transmisiones cada día de la semana, menos el domingo “Vampiro F.M. comienza sus transmisiones con el firme propósito de hacer cagar a la dictadura y todos los milicos que nos tienen prisioneros en esta larga y angosta faja de tierra que es Chile”.

Desde el comienzo nos topábamos con gente que nos daba pequeños comunicados de prensa y otros con encendidas manifestaciones políticas en contra de los militares, Había otros más audaces, que recién empezaban a pololear y llevaban a sus lolas a sus casas y nos pedían un tema específico a cierta hora, cuando comenzaban a atracar el bote con la fémina. Los califas siempre son más audaces. Tal vez nacieron algunos chilenos gracias a los temas lentos que pusimos. ¿Quién lo sabrá algún día?

Sigo con la historia. Las transmisiones de Vampiro F.M. fueron ganando audiencia, pero nosotros no podíamos decir quienes estaban detrás de la radio. Había mucho peligro en esto, porque desde el cuartel de los carabineros de calle Carrión captaban nuestras transmisiones y noches seguidas nos buscaban. Menos mal que nunca nos pillaron, aunque un día estuvieron muy cerca, a menos de una casa. Esa noche nos arrancamos por los techos de la Plaza Central y uno de nuestros DJ´s asociados dejó escapar una bolsa de “mary – jane” de la buena. Casi nos lo comimos a palos después.

Así la radio fue creciendo, pero por paradójico que parezca la popularidad nos mató, porque comenzaron a circular los nombres de los posibles autores intelectuales y ejecutores de Vampiro 105.1 F.M. y debimos poner los pies en polvorosa. Un día un estudiante que nos pedía temas por correo – a un nombre ficticio por cierto – fue arrestado y lo patearon de lo lindo los señores de uniforme. Dio algunos nombres menos mal que errados. Nosotros sentimos temor y colgamos los micrófonos.

Comenzamos a transmitir algunos días y por encargo. Para las protestas hacíamos cadena local con nuestros reporteros juveniles, igual estábamos en el aire, pero instalábamos la radio en el Fiat 600 de un amigo, y poníamos música de casetes. Nos estacionábamos en una larga hilera de álamos en una cancha cerca de calle Los Nidos, la calle de los enamorados. Era oscurísima. A la distancia el auto parecía que era de uno de los propietarios del sector. Sin dudas nos gustaba engañar a los milicos y reírnos en su cara a punta de simple creatividad.

Un día de mayo transmitimos por última vez. Vampiro F.M. se silenció ella sola. No hubo nadie externo que la matara. Fuimos nosotros mismos. El peligro era latente y con la madurez de ese loco año y medio comprendimos que de ser sorprendidos no volveríamos a ver la luz del día.

Ayer cuando comenzaba a ordenar algunos de mis archivos salió un texto de aquellos que leía en la radio. La nostalgia hizo mella en mí. Estas líneas son producto de eso.

Nunca me voy a olvidar de Radio Vampiro 105.1 en el dial de frecuencia modulada estéreo. Una radio pirata que luchó con la fuerza de la juventud en contra del mal personificado por el gris, un color que gobernó mi Chile durante 18 años, con el innombrable a la cabeza.

domingo, 6 de agosto de 2006

A veces me siento un troglodita

Melodía Subterránea


Las luces de la ciudad de a poco comenzaban a apagarse. Las luces de la ciudad no habían podido esconder las penas que su alma sentía. Era un sonámbulo, un guerrero en estampida. Un inconsciente en estado larvario. Una cicatriz más grande que su alma.

La pérdida era lo que lo llevaba a esos estados. Su amor y lealtad no habían podido contra la traición. La mayor de todas las traiciones: romper los vínculos afectivos de la santidad del amor con engaños, de otros... de otros desconocidos. El amor puro burlado por la fragancia de lo prohibido, por el miedo de la verdad pisoteada mil veces por la mente enfermiza de su mujer... que ya no era suya.

¿Dónde había quedado la verdad, el amor real, las faltas no forzadas y los esfuerzos por no herir a nadie? ¿Dónde habría quedado todo eso?

Eran las preguntas que se hacía cuando la luz del sol comenzaba a bañar la playa y el Casino cerraba sus puertas.

¡Ah! El mar era lo único que lo contentaba. Sin el mar que amaba hubiera muerto mil veces. Las olas lo calmaban... las olas le inspiraban a seguir adelante, aunque sin rumbo tenía la certeza que debía seguir. ¡Hasta que Dios quisiera! Si. Dios. El mismo que todos buscan en momentos de prueba, el mismo que invocaron, invocan e invocarán los asesinos de la fe. Los de sotana que en nombre de la cruz han violado, asesinado, mutilado y asesinado a cientos de inocentes que creyeron en otras verdades, quizás más elevadas que la mística de la cruz. Pero ¡qué importa! Si ya le pedimos perdón a Galileo y a las etnias de América por tanta muerte y tanto desastre… ¡400 años después.

Pero en esos momentos ya no importaban sus pensamientos, en aquellos instantes la lejanía era su quehacer y lo esencial con cada respiro. Se preguntaba si alguna vez María comprendería la palabra lealtad o mejor aún ¿la podría llevar a la práctica? ¿Sabría del daño al romper de cuajo tres familias, quizás más? ¿Sería su culpa la conducta relajada sin reglas de buen vivir o su formación familiar? ¿Sabría que de pronto las putas lo hacen por necesidad? ¿Sabría el dolor de aquel que se siente traicionado? ¿Sabría del fuego que consume a alguien que no puede ver a su hijo? Ese Dios que los curas han tratado de hacerlo ver como asesino, ¿ese mismo la juzgaría?...

Así en mitad del mundo, en un lugar tan distante de una playa cualquiera, el sabía que el amor, la verdad y la lealtad son las recetas para ser un gran hombre, a pesar de las deudas, de las faltas y principalmente de los amores. El sabía que debía seguir, su código de honor lo llevaba a otros estados y pronto, muy pronto lo llevaría a otras tierras, donde si sería amado y lo principal: sería valorado.

Esa era su verdad tan insondable como él mismo. Tan real como la mentira que lo hacía fuerte a pesar de lo duro que se suponía que era. El ser se vislumbraba tan real y mágico como ese instante de lucidez cuando dijo si al amor. Cuando la pasión de la existencia extendió sus brazos y lo cobijó en aquellas sustanciales manos tan divinas como la vida misma, como su mar… lejano en ese momento… cercano en espíritu y a la vez aprisionado en las redes de su alma.

¿Hacia dónde se dirigía su paso? ¿Cuál sería el final de esta historia de desencuentros y desamores? Nadie podría decirlo, nadie en la tierra… menos en las estancias secas del otoño que se acerca cada día más, sobre todo en abril. Su mes, su año… el día elegido para morir y renacer… el día de no hacer repeticiones, ni ver televisión, ni leer los diarios… ni escuchar nada, sólo el revolotear de los pájaros en su jardín secreto como su alma… si en el jardín se gestaron las mentiras… ya lo sabía. Ahora podría venir la cura… la cura final.