martes, 15 de mayo de 2007

La locura misma: “Darwin inició el neoliberalismo”

En sus estudios que dieron vida al libro “El Origen de las Especies” Charles Darwin nos aclaraba que sólo lograban sobrevivir los más aptos. Es decir, los mejores preparados eran aquellos que podían seguir con la especie en un mundo natural, que no posee moral, sentimientos u otro orden salvo la sobrevivencia a todo nivel.
Pensando en eso, no es algo nuevo decir que el concepto básico de la ideología neoliberal descansa, sobre todo, en la idea de que la libertad del hombre (como animal sin dudas) es debido a la protección de la propiedad y al limitado aprovechamiento e igualmente ilimitado intercambio de los bienes producidos, como en un mundo salvaje, donde el fin es lo principal y los medios las herramientas por crueles que sean.
Con eso podemos ya concensuar que nuestro enemigo principal, no es el sistema contra el cual luchamos, que es el neoliberalismo, sino que lo que se encuentra detrás que es el capitalismo.
El capitalismo ganador de la lucha de ideales y de idelogías, sólo necesita a los estados que le sirven a sus propósitos, ya no importa si son de origen socialista, dictaduras u democracias, sólo importa la mano de obra barata, los impuestos bajos y una serie de garantías que ayudan a la realización de los productos que se podrán en el mercado. Eso se puede ver en el mercado automotriz o en los artículos electrónicos y en especial en el caso de la China, que logró acuñar el término de “comunisto de libre mercado”.
Con la misma autoridad con la que los líderes religiosos proclamaban la voluntad de Dios y supieron imponen los intereses divinos a los hombres, ahora los revolucionarios liberales (sacerdotes del capitalismo) pueden citar el Libro de la Naturaleza - como Darwin - e interpretar las leyes naturales, y , cuando les es posiblre aprovecharlas a su favor. Cuando antes el misericordioso Dios dirigía la economía como la sociedad, era la mano invisible de la divinidad la fuerza dinámica e impulsora que, desde lo invisible, arreglaba la reciprocidad de acción entre la oferta y la demanda. Hoy con el neoliberalismo pasa lo mismo. El capitalismo es Dios y la oferta y la demanda su único profeta. Esta es la nueva religión de la Humanidad y como tal eliminará del mundo a todos los infieles.
Darwin no se propuso crear una doctrina con su teoría de la especies, salvo explicar la forma como funciona el mundo y en especial el mundo natural. Por eso nuevamente podemos asimilar que las leyes de la naturaleza, que para el neoliberalismo también incluyen a la economía y la sociedad, están formuladas por un interés dirigido hacia la sumisión y la explotación. Donde la meta espiritual es bajada del cielo a la tierra y donde la fortuna es la búsqueda final o la verdadera Tierra Prometida.
Por eso resulta claro que las leyes de la naturaleza formuladas por el “Honorable orangután” - así llamaban a Darwin - de hecho son el origen de las leyes del neoliberalismo y además una proyección de las mismas. El Papa Juan Pablo II llamó a este movimiento como “Capitalismo Salvaje” y sin dudas tenía razón.
Una parte de las drásticas transformaciones de nuestro tiempo ha sido la liberación económica y social de aquellas sociedades que por decenios estuvieron sometidas a la absoluta tutela de una partido único y de una economía de planificación burocrática: los estados de la antigua Unión Soviética y una serie de países del Tercer Mundo que se orientaron al modelo soviético, donde se caracterizaron por caudillos nacionales y por dictaduras de partidos. Hoy todos estos países son manejados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y por el Banco Mundial. que bajo los auspicios de las naciones componentes del Grupo de los 7, los incluyó en préstamos y ayudas económicas para que pudieran seguir funcionando como países, bajo - eso si - los conceptos neoliberales. En otras palabras, la Cortina de Hierro cayó sola y se contaminó con neoliberalismo. El modelo económico no disparó nunguna bala y sometió a los enemigos socialistas. El Capitalismo siguió derrotando a los infieles.
Finalmente, podemos decir que todos los temas o las religiones de moda, desde el llamado “Postmodernismo” hasta el supuesto “Fin de la Historia”, o la entrada a una nueva época de libertad absoluta, con los que se intentam explicar la situación actual de la sociedad, son solamente la expresión de una específica condición social; son los síntomas de la crisis general en la que se encuentra tanto la economía como nuestra sociedad, es decir, estamos en presencia del “caldo de cultivo” para cualquier revolución, que no sabemos hacia donde llegará o las implicancias que tendrá. Deber nuestro es no quedarnos dormidos porque el mundo está en juego y sin dudas nuestra sobrevivencia como ser humano y como especie “no es un juego”.

Recuerdos

Hace algún tiempo que he querido hacer algunos recuerdos de lo que vivimos hace más de 34 años cuando nuestra democracia se rompió. Son recuerdos simples. Vistos con la mente e ideal de un niño, que jamás comprendió lo que estaba pasando, porque estábamos inmersos en una gran dosis de ingenuidad. Los chilenos somos así... muy ingenuos.
Eran las 9 de la mañana del 11 de septiembre de 1973, cuando mi tía encendió la radio. Sólo se escuchaban marchas militares y los típicos bandos. ¿Qué pasaba? ¿Acaso era un golpe de Estado?
Una hora después, la gente caminando por San Pablo, venía por la mitad de la calle. Era mucha, podría decir que una verdadera multitud. A esa hora ya no había locomoción y se había decretado el toque de queda. En buenas cuentas: todos para la casa.
A mi me preocupaban mis padres porque como trabajaban en un hotel (el Kent, que estaba en el edificio de la Caja Bancaria, en la esquina de Huérfanos y Estado) ese día tenían la entrada a las 7 de la mañana y ya cerca de las 10 no daban muestras de vida. Siguió pasando el tiempo y cerca de las 11 los ví venir en mitad de la muchedumbre. Ambos tomados de la mano y con sus rostros llenos de preocupación.
El verlos me relajó muchísimo y los sentí muy cerca. En casa mis abuelos ya estaban preparados con una serie de cosas, como por ejemplo velas, fósforos, harina (por si había que hacer pan) y abarrotes en general.
A eso del mediodía con mi papá subimos al techo de la casa. Era obvio que los aviones de guerra nos habían llamado la atención y como habían dicho que estaban bombardeando algunas radios “upelientas”, queríamos verificar si era cierto. Tamaña fue la sorpresa cuando vimos que disparaban hacia el sector del centro (no sabíamos que era a La Moneda). El ruido era igual que en las películas, pero mucho más aterrador. Así es la vida real. Luego las explosiones y con el paso de aquellos largos y penosos minutos, una gruesa columna de humo comenzó a hacerse presente en mitad de esa mañana gris de Santiago.
Esa visión durante mucho tiempo me marcaría. Ver ese humo tan negro como la noche, y el cambio atroz que se producía en mi país era algo que no imaginaba. La vida se encargaría de darme a conocer ese amargo sabor.
Hoy he visto un incendio. Está en todos nosotros. Estamos marcados con ese humo de La Moneda en llamas. Creo que ese día nuestra inocencia e ingenuidad pasó a la historia. Comenzamos a vivir el mayor oscurantismo que se tenga memoria en toda la vida de Chile.
Nada fue real si no estaba marcado por el gris. Así crecimos, así maduramos, el gris nos tiñó el alma. Hoy no puedo olvidarme de eso y me sigue produciendo pena...
¿Dónde se fueron mis amigos? ¿Qué pasó con tanta gente que nunca más vi? ¿Dónde quedó mi barrio?
Todo fue cambiado y cercenado. Un mundo salvaje entró fuerte: el capitalismo arrolló a este país y nada ni nadie hizo nada por detenerlo. Hoy quise recordar eso porque me veo en la obligación de dar a conocer mi postura. Mi país aún me duele. Nos cambiaron el alma y sin duda que dejamos de ser aquellos ingenuos seres de pueblo que alguna vez fuimos y nos tiñeron los sentidos con otras cosas aún más superfluas que nuestra desconocimiento de la realidad.
¿Se han dado cuenta que poco alegres somos? ¿Dónde quedó la risa? ¿Dónde quedó el amor por nuestros semejantes? Preguntas que me hago y que estoy seguro ustedes más de alguna vez se hicieron.
Por eso, es necesario comenzar a buscar las respuestas para que sanemos de la larga enfermedad. Durante mucho tiempo fuimos exiliados en nuestra propia Patria. Creo que llegó el tiempo del reencuentro y el de la verdad.
Por lo menos eso es lo que ahora me quita el sueño... a pesar de las gruesas columnas de humo que se desprenden de nuestras almas.