viernes, 21 de noviembre de 2008

En re menor (Después de mucho algo pude concebir)



Librito

Por Freddy Torres Oviedo


Hablar de la nostalgia o de esa “magia” que nos envuelve de vez en cuando, es como descifrar algunos códigos que llevamos sumidos en lo más profundo del alma.

En la búsqueda de ese estado es cuando más nos acercamos a la verdad sublime de cada uno de nosotros. La verdad inmutable de nuestra existencia. Un lustro que a veces no podemos pagar en la inmediatez de lo cotidiano.

Sirvan esas palabras para acercar algunas cosas que desde hace algún tiempo me han tenido muy ocupado, podría decir preocupado.

Veo mucha levedad en los actos de la gente, especialmente en los jóvenes, porque el mismo entorno se ha vuelto leve, intrascendente, tan pesado o liviano como una pluma.

Lo valioso de la vida de las personas no son sus pensamientos o sus creencias. Menos los sueños que nos apartan de la realidad. Lo único que vale en el hombre son sus acciones.

Si alguien se dice solidario y no ayuda a su semejante, simplemente es un mentiroso. Si alguien se dice buen amigo y tiene acciones contrarias, también es mentiroso.

¿Cuál es la clave en esto que estamos discutiendo? Simplemente que el discurso de las personas debe ir de acuerdo con sus acciones. “Por sus acciones los reconoceréis” dijo el maestro Jesús en una ocasión. Esas mismas “acciones” son las que me han alejado de mucha gente, porque dicen muchas cosas, juegan mucho con el verbo y en “il momento de la veritá” (como decía Napoleón al comenzar sus batallas) no hacen lo que tienen que hacer.

Es más, muchos de ellos son de alguna manera verdaderos fugitivos de su accionar y sus palabras son de poco peso o poca monta. Y es que no desee hacer leña del árbol caído, pero esto retrata muy bien a muchos de nuestros compatriotas, en especial a los políticos, que después de prometer una serie de acciones al momento de pedirle a la ciudadanía el apreciado voto, se olvidan de todo lo que prometieron en campaña.

El poder lo corrompe todo, incluso los sentimientos, el poder juega con el alma de las personas, crea falsas expectativas en aquellos que confiaron en la palabra de los políticos. Sabiendo de paso que la política es “el arte de gobernar”, es que sabemos que muchas de las mentiras que se lanzan en las campañas suelen herir a la gente más humilde que vio en algún individuo candidato y sin temor a equivocarme creo que eso no es “el arte de gobernar”, si no el “arte del engañar”.

Sigo entonces con esta nostalgia que me ha llevado a recordar acciones pasadas de algunas personas que hoy se dicen que “viven y trabajan para las personas de Iquique” o quienes poseen hermosas frases que se refieren a la “felicidad” o que trabajan por ella, sabiendo que la cosa no pasa por ello, si no por seguir usando a la gente en pos de sus granjerías.

Así cierro estas inquietudes. Así también las comparto con el único afán de poder liberarme del enorme peso de haber creído y de sentirme un tanto estafado. Es sin dudas el “arte de engañar” más que “el de gobernar”.

Nota: Re menor es la tonalidad negra de Mozart, la de los malos presagios, el vacío existencial, la desesperación y la idea de muerte.

viernes, 15 de agosto de 2008

En el cielo de los perritos

Freddy Torres Oviedo


El próximo 20 de agosto se cumplen 5 años de la partida de nuestro compañero Guillermo Vilchez, más conocido en el mundo de la prensa escrita como “Wile” o “Perro Vilchez”, le decían de esa manera, porque tal vez rezongaba como un pequeño can cuando se molestaba o no le ponían atención.
Fuimos compañeros de trabajo en el desaparecido “El Nortino”, venía llegando de Santiago. Había cumplido labores en La Nación, en pleno gobierno militar e incluso había sido uno de los mentores de la revista Triunfo, que circulaba los lunes y que era la mayor circulación del matutino en la capital y en el resto del país. Estuvo también en el Mundial de Fútbol España 1982, cuando nos creíamos casi campeones mundiales y lo único que ganamos fue el camino para la casa.
Fue también cronista de El Tarapacá, el decano de la prensa de Iquique que casi duró 100 años, hasta que lo compraron para simplemente hacerlo desaparecer. Las viejas triquiñuelas de la cadena El Mercurio. También trabajó en la Estrella de Iquique, donde mantuvo la columna “Puntetes de Wille”.
Evoco estos recuerdos porque hace 5 años que nos dejó producto de una penosa enfermedad que lo tuvo postrado en cama durante algún tiempo y creo que nadie se ha acordado de él. Un verdadero cronista de su época, amigo personal del general Pinochet y él lo recordaba a menudo, pero no molestaba porque fue una persona de una sola línea, eso que se echa mucho de menos hoy día, es decir la honestidad y la autenticidad.
Recuerdo como si fuera ayer un día en El Nortino casi le pagaba al computador porque no podía llegar a sus notas… “nadie me ayuda a entrar a esta weá”, dijo… bueno siempre se le enseñó, pero nunca quiso anotar y se le olvidaba. La informática no era su fuerte, porque su fuerte era escribir y sus crónicas eran algo que hoy día podrían investigar los estudiantes. No hay nada mejor que revisar el trabajo que han realizado aquellos que por su larga escuela han contribuido a desarrollar sus artes.
Por eso este humilde saludo a ti “Perrito” (así te decíamos en el diario) porque cumpliste con eso que dicen los sabios “vine al mundo y lo dejé mejor de lo que estaba”, por eso te recordamos porque fuiste un aporte. Deber de nosotros ahora es seguir recordando y evocando a aquellos que en su arte fueron simplemente maestros y no se lo dijeron a nadie.

sábado, 28 de junio de 2008

Generación Matrix

El otro día mientras conversaba con un amigo periodista llegamos a la conclusión que los humanos llegaremos a depender tanto de los computadores, que la vida real será algo tan aterrador como Matrix. Desde que vi esa película no he podido sacarme de la cabeza, que esa realidad virtual por supuesto podría llegar a ser cierto.
Este es mi calendario del futuro. El 2050, las computadoras tomarán todas las decisiones importantes del ser humano. Como el tráfico en las ciudades, en los aeropuertos, en el mar, donde sea.
Ya no tendremos que preocuparnos de manejar el automóvil, porque se irá seguro por las carreteras manejados desde los satélites. No habrá más choques de vehículos, por lo tanto la policía ya no se dedicará a controlar las calles de las ciudades.
El individuo normal ya no irá al trabajo, salvo en algunas industrias, todo se hará por la red.
Los estudiantes no irán al colegio, las clases se harán por realidad virtual, así como todos los movimientos bancarios.
La medicina se sorprenderá porque el hombre habrá evolucionado y de a poco les saldrá un nuevo dedo (lo va a necesitar para el super teclado de las computadores del futuro). Las piernas al no moverse o usarse salvo para ir al baño o al dormitorio comenzarán a atrofiarse. Todos tendrán un fuerte aumento de la barriga, porque no se harán ejercicios físicos.
Los diarios, libros y revistas ya no se editarán en papel, se salvarán los árboles, eso sera bueno.
Las comunicaciones serán en hologramas de todos los tipos y de todos los colores. Todo estará en espíritu.
Se podrá elegir a la pareja perfecta para tener un hijo genéticamente puro. Un robot llegará a la casa y se llevará la carga vital de espermios para la afortunada. Las relaciones sexuales, serán algo del pasado.
Ese mundo está cerca y sabemos que tal vez en cuarenta años, ya no habrá una tierra amable como la de ahora por el orificio en la capa de ozono y por el calentamiento global, esperamos ver que el hombre como especie no llegue a su fin.
Serán los tiempos de la generación Matrix. ¿El Apocalipsis de la Biblia? ¡Qué terrorífico!
Prefiero lo antiguo. Tal vez nuestros tiempos ya pasaron y sólo estamos haciendo algo esperando el fin.

lunes, 23 de junio de 2008

¿Dónde quedó la revolución?

Por Freddy Torres Oviedo


Vivo cada día que pasa con el alma apretada, con la angustia de la irremediable pérdida sumida en los más profundos pensamientos de lo más simple de lo cotidiano. Son los pensamientos, aquellos los más humildes que a veces me hacen estremecerme porque todavía en mi pueblo hay muchos que apenas comen o beben una taza de té al día.

Necesitamos un cambio verdadero, el neoliberalismo viene de vuelta, no alcanza para todos y la sociedad la formamos “todos”. ¿Sabían ustedes amigos que el sistema neoliberal sólo necesita una persona de cada cuatro de la sociedad? Es decir, de los seis mil millones de personas de la humanidad para los mentores de este cruel sistema político económico sobran 4.500 millones. Cuando entendemos eso comenzamos a despertar.

Volvamos a Chile, de los 16 millones de chilenos el sistema necesita a 4 millones, es decir poco más de la masa laboral del país. ¿El resto? Simplemente sobra. Si señores ¡Sobra! ¡Está de más!

Entonces, ahora comenzamos a entender, ¿para qué una mejor educación? ¿Para qué una mejor salud? ¿Para qué universidad para todos? Los poderosos necesitan a un solo individuo para que les corten el pasto o les pinte la casa o la mujer se encargue de hacer las camas, fregar los pisos, los baños, lavar la ropa y plancharla. No se necesita más...

Por eso siento a todos los sabios de la humanidad incluidos al Cristo, revolcándose en sus tumbas o en los santos lugares donde hoy están gritándonos que el hombre logró el fin negro de esclavizar a sus semejantes, no por el poder de las armas... si no por el poder del comercio y de los bienes. Isaac Asimov tenía razón al escribir su “Fundación”, el Imperio Galáctico caería sin guerra, lo agobiaría el comercio... la existencia que llevamos hoy se parece en muchas partes a esa obra de ¿ciencia ficción?

La existencia del mundo material nos somete con fuerzas y nos mantiene con la cabeza postrada, de esa manera los sueños se van perdiendo y cuando dejamos de soñar nos morimos.

Quiero volver a soñar que la revolución existe, que sólo estamos dormidos y que un buen día despertaremos. Y si debo hacerla solo, no tengo más remedio, sé que en mi locura interna que tal vez ¡nunca! logre cambiar al mundo, pero en esa instancia pido un solo deseo: ¡que el mundo NUNCA logre cambiarme a mí!

Por eso a desempolvar los viejos estandartes, que el viento los vea nuevamente altivos y altaneros con la magia de la juventud y de la madurez de aquellos que creímos en los sueños cuando dijimos con soberbia: “seamos realistas pidamos lo imposible”. Un mensaje para los que realmente son jóvenes: es hora que se pongan en movimiento o se convertirán en un ladrillo más en la pared (gracias Waters por la hermosa metáfora).

miércoles, 28 de mayo de 2008

Kampala Sam Gye

Esto pasó hace algunos años cuando estuve a punto de usar túnica blanca por el resto de mis días, porque me creía un asceta, un líder espiritual, un nuevo mesias, a la usanza de las crónicas budistas disfrazadas en el libro de Psicodelia de los pensadores de la Universidad de Harvard. Todo un hecho que me hacía entrar en aquellos recodos de una espiritualidad que moría con los primeros estertores del movimiento Punk o del llamado "Dark".
Un día un amigo de la Fundación Rama, aquella que formó el peruano Sixto Paz y que según él se contactó con seres espaciales de Gamínedes, una de las lunas de Júpiter. Bueno, ese día había parado de llover y en un taxi muy apretados porque éramos varios, nos fuimos a un local muy pequeño que estaba ubicado cerca de las torres de San Borja cerca del centro de Santiago. Allí nos reuniríamos con un monje lama, quien ofrecería a la feligresía ávida de espirtualidad una conferencia.
Llegamos y había a lo sumo unas 20 personas. El monje lama no hablaba una gota de español. Así que tenía a su traductor al lado. Comenzó la conferencia, pero el traductor era tan malo, que no hacia bien la pega y en vez de comunicar hacia lo contrario, confundía a todo el mundo. La solución: me dieron la pega a mí. Comencé entonces a traducir las palabras del monje.
Hablaba de la iluminación, de los cuerpos del Buda, del camino de luz y de los mil Cristos que deben venir a la tierra, cuando apenas llevamos tres: Jesus, Buda y Mahoma.
Bueno las palabras del líder espiritual hicieron mella en mi, simplemente porque se notaba que eran dichos con mucha verdad y lo esencial: tranquilidad espiritual.
Pasó el tiempo y todos de alguna u otra manera se hicieron parte de las palabras del lama. Incluso yo mismo pensé en que sería bueno de mi parte investigar un poco más del Budismo Tibetano, que es diferente a todos los demás budismos.
Cuando concluyó el discurso invitó a todos los presentes a hacer los "votos de refugio". Los que consistían en encarnar siempre en la tierra hasta que el último de los humanos alcance la ilumación. Algunos aceptaron el reto, me incluyo.
Al despedirme del monje en su inglés charrasqueado como el mío me dijo:
- Te voy a dar un nombre dármico... ¿te parece? - me preguntó.
- Okey. Lo que usted mande o mejor dicho lo que usted done - respondí.
- Desde hoy te llamas en nuestro pueblo y en nuestra cultura Kampala Sam Gye.
- Gracias. Ahora soy Kampala... ¡qué honor! o ¿¡qué horror!?
Desde ese día en los momentos importantes de mi vida saco la relucir ese nombre que un monje, me regaló en un día lluvioso en Santiago a cientos de años luz de mi presente, acá en las orillas del desierto más seco del mundo, al lado del océano más grande.
Todávía hoy no entiendo aquellos sucesos, porque cada día que pasa más cerca estoy de Kampala que de Freddy y eso no lo puedo negar. Debo seguir perdonando a todos incluso a aquellos que están muy molestos conmigo, como mi arrendador. ¡Qué ironía!
Debo seguir es la orden de mi fuero interno, a pesar que las cosas de lo cotidiano no me dejan fuerzas para seguir luchando... seguir luchando.
Hoy día me levanté y no supe a ciencia cierta quien era: ¿Freddy o Kampala? Cuando pase la noche tal vez lo sepa... tal vez...

domingo, 3 de febrero de 2008

Algo personal

El pasado 2 del presente mes mi padre habría cumplido 73 años de vida, pero se nos fue cuando llegaba recién a los 54. Un año antes mi madre también había emprendido el vuelo. En plena madurez me convertía en huérfano. Fue una pérdida inmensa. Una de la cual nadie está preparado a soportar y sobrellevar. El tiempo te da algunas herramientas, pero no son totales. No hay nada que te haga mitigar la terrible ausencia de la gente que te dio la vida.

Un poco antes, es decir los días finales de enero me había acordado mucho de esta fecha, cosa curiosa porque cuando mi padre estaba en vida, no me acordaba nunca. Y no lo digo con desparpajo como parece, sino porque en mi casa no estábamos acostumbrados a las celebraciones de santos y cumpleaños. Nadie en mi hogar había sido católico, más bien eran del otro lado, o sea de la parte protestante y mi padre era agnóstico. Por eso siempre a última hora me acordaba del cumpleaños del viejo y lo invitaba a que nos “conversáramos algunas cervezas”, luego otra y otra más... hasta que mi padre pedía el primer “piscola”. Quedábamos bien pasados pero felices. Yo lo iba a dejar a su casa y posteriormente me enfilaba a la mía. Así la pasamos durante varios.

Hoy esas viejas correrías me llenan de nostalgia. (Les pido perdón porque estas líneas son absolutamente personales, pero no podía frenar este desasosiego que desde hace varios días me ha llenado la mente). Hoy esas viejas y queridas noches alcohólicas se me repiten con suprema regularidad. Espero que signifiquen algo... porque debo seguir viviendo y escribiendo. La vida me pone a prueba cada día que pasa y con el correr del tiempo debo aceptar que la ausencia de mis viejos es algo que deberé llevar hasta que me encuentre con ellos en la eternidad. Así es y así será...