lunes, 23 de junio de 2008

¿Dónde quedó la revolución?

Por Freddy Torres Oviedo


Vivo cada día que pasa con el alma apretada, con la angustia de la irremediable pérdida sumida en los más profundos pensamientos de lo más simple de lo cotidiano. Son los pensamientos, aquellos los más humildes que a veces me hacen estremecerme porque todavía en mi pueblo hay muchos que apenas comen o beben una taza de té al día.

Necesitamos un cambio verdadero, el neoliberalismo viene de vuelta, no alcanza para todos y la sociedad la formamos “todos”. ¿Sabían ustedes amigos que el sistema neoliberal sólo necesita una persona de cada cuatro de la sociedad? Es decir, de los seis mil millones de personas de la humanidad para los mentores de este cruel sistema político económico sobran 4.500 millones. Cuando entendemos eso comenzamos a despertar.

Volvamos a Chile, de los 16 millones de chilenos el sistema necesita a 4 millones, es decir poco más de la masa laboral del país. ¿El resto? Simplemente sobra. Si señores ¡Sobra! ¡Está de más!

Entonces, ahora comenzamos a entender, ¿para qué una mejor educación? ¿Para qué una mejor salud? ¿Para qué universidad para todos? Los poderosos necesitan a un solo individuo para que les corten el pasto o les pinte la casa o la mujer se encargue de hacer las camas, fregar los pisos, los baños, lavar la ropa y plancharla. No se necesita más...

Por eso siento a todos los sabios de la humanidad incluidos al Cristo, revolcándose en sus tumbas o en los santos lugares donde hoy están gritándonos que el hombre logró el fin negro de esclavizar a sus semejantes, no por el poder de las armas... si no por el poder del comercio y de los bienes. Isaac Asimov tenía razón al escribir su “Fundación”, el Imperio Galáctico caería sin guerra, lo agobiaría el comercio... la existencia que llevamos hoy se parece en muchas partes a esa obra de ¿ciencia ficción?

La existencia del mundo material nos somete con fuerzas y nos mantiene con la cabeza postrada, de esa manera los sueños se van perdiendo y cuando dejamos de soñar nos morimos.

Quiero volver a soñar que la revolución existe, que sólo estamos dormidos y que un buen día despertaremos. Y si debo hacerla solo, no tengo más remedio, sé que en mi locura interna que tal vez ¡nunca! logre cambiar al mundo, pero en esa instancia pido un solo deseo: ¡que el mundo NUNCA logre cambiarme a mí!

Por eso a desempolvar los viejos estandartes, que el viento los vea nuevamente altivos y altaneros con la magia de la juventud y de la madurez de aquellos que creímos en los sueños cuando dijimos con soberbia: “seamos realistas pidamos lo imposible”. Un mensaje para los que realmente son jóvenes: es hora que se pongan en movimiento o se convertirán en un ladrillo más en la pared (gracias Waters por la hermosa metáfora).

No hay comentarios.:

Publicar un comentario