viernes, 30 de diciembre de 2016

¿Tienen futuro los periódicos de papel?

Uno de los síntomas inequívocos de que soy un dinosaurio cultural es mi irremediable amor por el clásico periódico de papel. Sencillamente, me encanta leer el periódico: siempre de atrás hacia delante y tomando abundantes notas en mi libreta o en el borde de las hojas, como saben muy bien en varias cafeterías de Iquique, en especial el querido Carpe Diem en esta la capital de Tarapacá. Sin embargo, y como digo, soy un dinosaurio porque me aferro tenazmente a un hábito en vías de extinción.

La crisis del periódico de papel no es culpa exclusiva de Internet: contra lo que pudiera parecer, viene de lejos, y ya en la década de 1990 las principales empresas de comunicaciones tuvieron que lanzar costosas promociones para sostener su difusión. Ahora bien: en la era de la información gratuita e instantánea en la Red, la defunción del diario clásico parecería ya sólo una cuestión de tiempo, y no demasiado largo. En efecto, ¿cómo podrían sobrevivir los periódicos ante la pujante competencia de los medios electrónicos, con unas nuevas generaciones para las que leer un periódico de papel es ya un acto completamente exótico, casi propio de auténticos extraterrestres?

Como sabemos, durante los últimos años tanto los diarios chilenos como internacionales han adoptado diversas estrategias para adaptarse al nuevo ecosistema. La más frecuente ha consistido en desdoblarse para estar presente en ambos entornos: el kiosco de toda la vida e Internet. Diferentes sistemas de acceso y suscripción buscaban fidelizar a los lectores y ofrecerles unos contenidos estratificados, con opciones premium incluidas y variadas ventajas de todo tipo por pertenecer a ese exclusivo club. También ha sido frecuente insistir en la división de funciones de los actuales medios de comunicación: el medio electrónico proporciona información rápida en cuanto a hechos, noticias y datos, mientras que el periódico de papel debe ir cada vez más hacia el análisis en profundidad. Ha de contextualizar la noticia o el fenómeno tanto como sea posible, permitiendo entender realmente lo que está pasando en el mundo. “De la información a la comprensión”, podría ser el nuevo lema de unos diarios de papel destinados básicamente a una élite socio - cultural, a una minoría de lectores formados e influyentes.

Por mi parte, y aunque estoy bastante de acuerdo con esta última idea, creo que el verdadero quid de la cuestión se encuentra en otra parte. ¿Qué debería ofrecer un periódico de papel en pleno siglo XXI para resultar atractivo incluso para un público en principio refractario a las viejas páginas de papel? Pues, sencillamente, tendría que proporcionar una experiencia “inmersiva”, “360 grados”, en la abigarrada complejidad del mundo contemporáneo. 

Un periódico puede ser atractivo, e incluso fascinante, cuando sé que abrirlo equivale a internarme en una espesa selva llena de elementos interesantes y con frecuencia inesperados. Cuando el periódico se convierte en un microcosmos que refleja el macrocosmos mundial, cuando percibo en él una abigarrada y exuberante variedad de contenidos y niveles de lectura, entonces “me siento envuelto por el periódico” y su lectura me hace secretamente feliz.

Ahora bien: ¿no hacen ya esto los periódicos en la actualidad? En mi opinión, sólo a medias. Por una parte, los grandes periódicos de Occidente muestran en sus páginas una gran cantidad de talento, y con frecuencia contenidos realmente interesantes. Sin embargo, sigue predominando en ellos cierta atmósfera gris, un poco anacrónica, en vez de esa especie de efervescencia pop que a mí personalmente me gustaría encontrar en ellos. ¿De quiénes deberían aprender, e incluso copiar, los diarios clásicos para dar el salto cualitativo que necesitan?


Por lo mismo, creo es posible ofrecer al respecto al menos algunas pistas. Por ejemplo, ¿a qué se debe el éxito de una revista como "Muy Interesante", convertida desde hace tiempo en franquicia internacional? Aun adoleciendo de los defectos que se quiera - que los tiene -, “Muy” posibilita a sus fieles lectores algo parecido a esa “inmersión panorámica” que aquí estoy hablando. Lo mismo puede decirse de los tabloides británicos, deleznables tal vez desde varios puntos de vista, pero que ofrecen a su público una suerte de experiencia inmersiva afín a ese “sabor sabroso” que tanta importancia tiene en la cultura gastronómica de Japón. 

Lo mismo se puede decir, por cierto, de las clásicas revistas del corazón, que parecieron seriamente amenazadas primero por los programas televisivos análogos en la década de 1990 y luego por la irrupción de Internet; pero que, como se ve, sobreviven más que bien en el selvático panorama de los medios de entretenimiento contemporáneos. Algo semejante puede decirse de las revistas dedicadas a temas paranormales y esotéricos - Más allá, Enigmas, Año Cero -, también criticables a varios respectos, pero inmersivas y bien provistas de umami como ellas solas. E incluso algo habría que aprender del fugaz y hoy desaparecido diario Público, tan objetable por serios motivos de fondo como lleno de talento en cuanto a varios puntos de su concepción y diseño formal.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario