domingo, 10 de diciembre de 2006

También tengo algunos recuerdos

Era el verano de 1987 y yo andaba en mi escarabajo dándomelas de bacán en Viña del Mar. El Marga – Marga a mi costado izquierdo, mi auto que estaba recién comprado y la Pamela Pivonka a mi lado, expeliendo belleza y juventud.

Cada semana se me ocurría arrancarme a la playa y alejarme de Santiago. Eran mis oxigenaciones. Desde los parlantes de la radio emanaba “In your eyes” de Peter Gabriel. Era todo lindo, pero no podía ser feliz

Dos semanas antes Marcelo un amigo de la infancia había sido alcanzado por una bala en una protesta. No saben ustedes amigos el odio que sentía por Pinochet y su gobierno facista. El gris era más fuerte que todos los colores del arcoiris ennegrecía mi alma y Peter Gabriel me decía que “en tus ojos" yo podía ser "un hombre completo”. Era el amor por la vida y el odio de la “no vida” el juego que cruzaba mi mente en aquellos instantes.

Pamela – mi bella amiga – se dio cuenta que algo aldaba mal y le conté la historia de Marcelo. Después no pude contenerme y le relaté varias historias “sacadas de mi interior” con repetía Gabriel y le dije lo que los milicos le habían hecho a mi vida, a mi familia, a mi padre, a mi tío... a unos el dolor y al tío Sergio la muerte. ¿Era pecado pensar diferente? ¿parece que para los militares si?

Sin querer usaba a la Pamela como paño de lágrimas y a poco andar detuve el auto cerca de Reñaca y no pude contener mis lágrimas.

Al fin y al cabo en esos momentos no sabía si lo que sentía era pena u odio a Pinochet y sus secuaces. La Pamela me miraba extraña pero cercana...

Ella es por decirlo de alguna manera del otro lado. Nunca había pasado las pellejerías que yo y había crecido en medio de la abundancia. Yo recién comenzaba a recuperme económicamente hablando.

Pasamos más de una hora a la orilla del mar... cientos de veces puse en la radio “In your eyes”. Ese día de verano juré que me reiría cuando Pinochet muriera...

Eso pasó hace algunas horas y no tengo nada de que reírme. Es el poder del respeto a los muertos que este hombre mandó a asesinar... es la pena de saber que nunca la pobre justicia chilena lo pudo mandar a la cárcel, donde deben estar los criminales.

No tengo risas, un poco de pena... se fue burlándose de miles de chilenos como mi familia. El huaso ladino se salió con la suya... nos quedamos esparando verlo con el traje a rayas...
Hoy estoy lejos de los sentimientos de muerte que él sembró en mi Chile. “Quiero paz”, como cantaba el Gatti en los años oscuros de su gobierno.

Hoy puse a Peter Gabriel y recordé su canción. “Todos mis instintos volvieron”, la belleza de la Pamela también... ¿dónde estará? ¿se recordará que lloré en su regazo?

Hoy quiero dormir sin ruidos... la maldad descansa... quien era su profeta se fue y ya es historia... ya no quiero recordar nada más, ni siquiera los bellos ojos de la Pamela, cuando en una tarde el sol daba paso a la noche... juré burlarme de algo que no tiene nada de que burlarse: la muerte de un ser humano es simplemente eso: la muerte.

Por eso sin odio y sin violencia el dictador deberá enfrentar el juicio divino... los humanos ya no tienen nada que hacer.

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