miércoles, 21 de junio de 2006

Recuerdos de un viaje a China



Cuando me comunicaron que era el único del equipo de prensa de la Municipalidad de Iquique que viajaría a la China, en marzo del 2005, sin dudas que no lo podía creer. Conocer un lugar así me hizo en esos momentos soñar. Claro, la pesadilla vendría después. Junto a mi viajaron varios concejales, entre ellos Kuzmicic, Rossi, Dubost y Lautaro Lobos concejal de Alto Hospicio.

Conocer la China milenaria y misteriosa, era sin dudas algo que jamás se me había pasado por la mente. Muchos de la misma municipalidad quería ir a conocer esas lejanas tierras y de pronto, el único envuelto en esa misión era quien ahora escribe estas líneas.

Durante dos años y medio estuve al servicio del alcalde de Iquique Jorge Soria Quiroga en el Departamento de Prensa de la Ilustre Municipalidad de Iquique y debo reconocer que cuando llegué mi pasaporte apenas tenía los timbres de dos ingresos a los Estados Unidos y uno a Europa. Al retirarme del municipio había llenado casi todas las hojas del citado documento.

Bueno, en China las cosas fueron poniéndose malas, muy malas, porque el trabajo que debía desarrollar era por lo menos para unas tres personas. Obviamente, mis esfuerzos no eran lo suficiente para sacar fotos, grabar las sesiones y las reuniones en video, ayudar en sus discursos al alcalde cuando mostrábamos las presentaciones de la ciudad. ¡Ah! Antes que me olvide fuimos a la China a promocionar la Primera Feria de la Industria y la Alta Tecnología China en Sudamérica. Sé que el nombre era rimbombante, mucho más cuando la citada muestra contó sólo con la participación de vendedores de la Zofri y la llenaron de máquinas de coser e imitaciones de jarrones de la Dinastía Ming.

Sigo adelante. Allá en la China comenzó mi conflicto con el alcalde Soria y con Ernesto Lo Carrasco (hoy procesados por la justicia), porque me transformé en un verdadero esclavo, tanto de sus caprichos y de sus órdenes que apenas podía cumplir. Fueron casi 30 días en que viví al límite de la presión, la injusticia, el mal trato, donde conocí el verdadero significador del verbo “denostar”. Sin decir que todo lo anexo es decir, la entrega de galvanos, los llaveros y un sinnúmero de baratijas que llevamos para regalar, así como los banderines, también me los pasaron a mi para que manejara el asunto. Si son de la I Región, sabrán lo que digo: parecía Ekeko. En un brazo la cámara de video, la cámara fotográfica, los mapas de la integración y en otro el laptop, mis apuntes y algunas cajas pequeñas con los citados regalos y todo el día siendo insultado por ambas autoridades. Al quinto día no quería más.

Los días eran así: tomar fotos, hacer las notas, enviar por Internet la información, seguir el discurso del edil en la laptop, entregar regalos, seguir escribiendo, seguir fotografiando, haciendo el video del viaje, etc. Entremedio dormía algunas horas y comía cualquier cosa menos la comida china. Nunca me gustó mucho ni menos allá. Fui feliz cuando en Cantón encontré un Mc Donald.

En esa vorágine de la pega y de retos y más retos, comprendí que me querían romper, pero no mi físico, sino mi alma. Era como la perversión misma hacia una persona que lo único que trataba de hacer era cumplir con su trabajo, que obviamente ellos encontraban malo y deficiente, por decir lo menos. O sea, yo no servía para nada. Era la peste negra misma. Me preguntaba entonces por los motivos de esta situación, ¿por qué alguien era capaz de hacer sentir tal mal a otro? ¿habrá sido la esclavitud de esa manera? ¿y los derechos humanos dónde estaban? ¿y el respeto hacia mi persona?

Hasta que llegué a la conclusión: el poder corrompe toda humanidad. Todo quehacer humano pasa a ser algo secundario y quizás terciario para quien ostenta el poder. Los sentimientos se pierden así como los valores de la solidaridad e incluso los derechos humanos. Llegué a Chile el domingo 24 de abril del año pasado. A los pocos días puse mi renuncia irrevocable a la Municipalidad y cerré el triste capitulo del famoso “Viaje a China”. Comenzó mi etapa de recuperación. El bombardeo que era una persona incapaz jamás hizo mella en mi mente. ¡Oye! aunque no soy una lumbrera, estudié con grandes maestros en Chile y en el extranjero y eso era lo valioso. Mi formación era sin dudas la clave para emprender nuevos desafíos profesionales.

Nunca he buscado la revancha. No soy rencoroso, con altura de miras siempre trato de tomar la vida. Trato de devolver bien aunque haya recibido mal. Así me criaron, así crecí, por eso lo que están viviendo las personas citadas en esta crónica no es otra cosa que la enfermedad que produce el poder. Ese poder que muchos quieren y que sólo los sabios saben controlar. Ese poder que trastorna a la persona y la convierte en algo que no puede dirigir. La consecuencia de eso es mucha gente fanatizada, porque además son personas muy humildes y les han mentido paulatinamente durante décadas. Espero por el bien de la comunidad que esto sea el comienzo del final de una época donde el poder corrompió a un sector de Iquique.

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