
Una batucada no me deja en paz. Su ritmo es contagioso y acogedor. Al ver a tanta gente joven no hago más que pensar en los hermosos momentos de mi juventud (todos tuvimos una) y lo hermoso que era vivir en pos de algo personal no contaminado, ni menos globalizado. Lejos del mundo mercantil actual que tiene todo envenenado con dinero, incluso los sentimientos.
La gente ya no es gente, son sólo cifras, sólo existe el dinero. Todo el quehacer humano pasa por lo material y por los sucios pesos que secunda cada respiro de nuestra vida, cada manifestación de nuestro Chile post dictadura, y donde la democracia no es plena.
Creo que la globalización es culpable que esté escribiendo con una pluma fuente de origen chino, en un cuaderno hecho en la Argentina, sentado en una silla de Bolivia, en una mesa hecha en Brasil y donde mi ropa la compré en Italia (en uno de mis viajes), con zapatos hechos en Bélgica, con unos lentes de sol comprados en Francia, pero ensamblados en Indonesia y mi teléfono celular que acaba de comenzar a sonar fabricado en Noruega y concluido de ensamblar en Japón ¿Y que hay de nuestro Chile? Sólo el aire amigos, sólo el aire (que aún y gracias a Dios es gratis, porque todavía no encuentran la forma de cobrarlo).
A lo lejos ya… la batucada rompiendo la calma de Iquique… una ciudad para querer y para amar… a pesar de lo que ha pasado en los últimos días cuando nos enteramos que el emperador y su delfín debían responder a la justicia por una pequeña pérdida de dinero en las arcas fiscales (algo así como 100 millones de pesos). Aún así hay algo extraño que hace que la ame. Es una ciudad perdida en el confín del Tercer Mundo, en un país que no despega a pesar de los esfuerzos de algunos, pero tiene algo oculto y mágico… algún día podré saber qué es.
La batucada acaba de dejar de emitir sus sonidos telúricos. Ahora viene el Hip – Hop, eso sí que no lo soporto. Mejor me arranco de acá… además ya se hizo tarde y mi entrevistado no apareció. La vida debe seguir, mejor dicho el show debe continuar. Somos los artistas quienes damos inspiración a los demás, por lo mismo portémonos como tales. Tenemos alma de payasos al fin y al cabo ¿cierto?
Plaza Prat
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