martes, 13 de marzo de 2012

Primeras sensaciones en Iquique


Mi madre repetía con mucha nostalgia que nuestro ancestro había sido un pampino. Siempre hablaba del "Palomo Del Valle". Por esas causas misteriosas mi familia heredó el apellido Sarria (sin acento) y no el que le correspondía, es decir el famoso "Del Valle".

De esa forma crecí. Los recuerdos de mi madre se acrecentaron con los años. Cada vez eran más frecuentes sus reminiscencias de Iquique y la pampa. En mi cabeza corría una furia sin control (Neruda dijo una vez que era "ardiente paciencia") quería conocer el norte y recorrer por el desierto a miles de años luz con esos recuerdos.

Un día sin pensarlo dos veces me dejé caer en el puerto de Iquique. Mi madre me acompañaba desde el cielo. La sabía presente en alma y espíritu. Jamás regresó al norte, a "su norte" y yo no recorrería con ella estas calles llenas de casas de pino oregón de estilo neoclásico. Así, Iquique, esa fría noche del primer día de octubre de un año que apenas recuerdo, se me mostró completo. "La tierra de la mamá", dije. Y sin pensarlo dos veces corrí al mar.

"Así que esta es Cavancha", dije asombrado. Luego recorrí el centro y sus calles, la zona del puerto, la península, el camino (hoy Avenida Baquedano) y cada rincón. 

A los dos días seguí viaje a la pampa. Un tipo en el Terminal de Buses me dijo que lo mejor era tomar un "tour". ¡Qué necio! un tour no muestra nada. Hay que caminar y buscar por las propias. De esa forma, llegué hasta un taxi ¿colectivo? no sé, a esas alturas daba lo mismo. Comencé por ir derecho a Humberstone, luego Santa Laura. ¡Si hasta me parecía escuchar la voz de los trabajadores y sus herramientas! Creía ver los carros con el famoso caliche. ¡Qué tierra más extraña! sobre todo para un implantado como yo. 

Luego, a pie a buscar cosas enterradas. Sin darme cuenta se hizo tarde y el tipo del colectivo ¿o taxi? quería regresar al puerto. No lo dejé. Por algunos pesos más le pedí que me llevara hasta Victoria. ¡Qué locuras hace uno de repente!

En Victoria la nada misma. Sólo un lugar para tomar tecito o algún sandwich. "El Rotito" se llamaba. Jamás imaginé que en esa pequeña urbe llegaron a vivir más de 16 mil chilenos. ¡Qué increíble! hoy, sólo un kiosco en medio del desierto. Es algo as’ como la pisada de un dinosaurio en una roca perdida en el tiempo. Las fotos se sucedían una tras otra. "Esta toma es mejor", "mejor desde acá", "mejor es este ángulo". 

Eso se procesaba en mi mente mientras seguía el sol que ya comenzaba a esconderse. "La mamá nació en Pirineos", dije. Luego continué: "¿existirá ese lugar? ¿Sabrá que uno de sus hijos ha vuelto? ¡No! es mucha pretensión decir que soy hijo de la pampa. No, aunque la idea se gestó en estas tierras. ¿Quién volvía? ¿Un hijo, o un nieto de la pampa?

¡Qué hermoso es el sol cuando se esconde! ¿No es cierto?

Así mi primer día de pampino llegó a su fin. Hoy a miles de días de ese peregrinar en la pampa, en busca de mis orígenes... sólo un recuerdo... una reminiscencia a miles de años luz... el génesis de mi familia está en medio del desierto y eso si que es un orgullo. Dios sabe que así es...

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