Freddy Torres Oviedo
Una querida compañera de liceo – Luz Caamaño Vergara – me dijo hace algunos días atrás que si estaba haciendo recuerdos de mi infancia también me acordara de nuestro “barrio juvenil” por darle una denominación a los lugares comunes que recorrimos en esos espacios ya lejanos, distantes, pero nunca olvidados del centralísimo sector Independencia al norte del Mapocho, conocido desde La Colonia como La Chimba.
Claro en esos lugares estaba afianzado nuestro liceo con el nombre de la poetisa y premio Nobel 1945 Gabriela Mistral. Así nuestras calles y sectores de la geografía de un Santiago en plena dictadura militar nos hicieron unirnos y abrigar el amor por aquellas vetustas casas – muchas ellas de adobe – que cada invierno se humedecían con lluvia y con el intenso frío que calaba los huesos cada mañana antes de entrar a clases.
El liceo estaba en la esquina de calle Domingo Santa María y la avenida Independencia y llevaba por denominación el pomposo nombre de “Liceo de Experimentación Gabriela Mistral”, eso de la “experimentación” era porque en este lugar se probaban los nuevos programas educativos para luego ser aplicados en el resto del país. Era un lugar diseñado para aprender y para que los jóvenes egresados fuesen personas de bien. Muchos de nosotros logramos eso, a pesar que otros quedaron en el camino, pero nunca voy a renegar de mi liceo y en cuanta reunión tocó el tema digo con orgullo que mi liceo era uno “fiscal” y que su enseñanza nunca estuvo orientada hacia el asqueroso lucro que hoy domina la actividad educativa en Chile.
Bueno, fue en esas calles donde muchos de nosotros comenzamos a crecer y a entender lo que venía de la vida. Fue un verdadero apronte de aquello que viviríamos más adelante.
La situación del país de la oscura cultura de los señores de gris no nos daba ningún espacio para expresarnos, por eso debíamos ser muy creativos a la hora de organizar y de dar rienda suelta a nuestras expresiones. Fue en esas calles donde de verdad comenzó la resistencia no sólo al gobierno del innombrable, sino que a todo lo establecido. La fortaleza la llevaban la gran cantidad de músicos que eran del sector Independencia y de muchos pensadores que se escondían en las viejas casas gigantescas de las calles Francia, Inglaterra, Río Jachal, Vivaceta (famosa por ser la calle de la Tía Carlina, un famoso prostíbulo donde conjugaban historias homosexuales y travestis, a pasos de Las Palmeras otro sitio similar pero solamente de mujeres, obligadas a meterse al ambiente – según ellas – por necesidad), y por supuesto la calle Central donde se hacían todas las cosas deshonestas, entre ellas la conquista del primer beso o el lugar para fumar mariguana, porque era atravesada por una linda plaza de varias cuadras de extensión y en algunos lugares la oscuridad era la reserva o el escondite ideal para dar rienda suelta a nuestros pecados, a modo de la cueva de la Sociedad de los Poetas Muertos. En todo caso fumar yerba en esos días era para mí como un pecado capital. La excomunión era lo más cercano a lo que uno podía sentir si era sorprendido.
En esos lugares compartimos hermosos momentos los alumnos del curso “J” desde primero a cuarto medio. Acá conversábamos, planeábamos y claro bebimos nuestros primeros tragos de pisco y obviamente a algunas niñas se les pasó el alcohol. No daré nombres pero recuerdo a una de ellas embriagada al extremo. Si esa plaza pudiera hablar o recordar esas historias todos estaríamos en problemas.
Sin dudas que era un lugar para soñar y sentir toda esa dulce fragancia de la juventud cuando todos nosotros amábamos y creíamos de verdad en un Chile siniestro, poco amable y con un futuro impregnado de capitalismo en las mentes de un generación completa que fue seducida por el mercado… ese insufrible mercado que ha puesto como gobernantes a banqueros y no a personas… si amigos en la cárcel están los ladrones aficionados porque los profesionales están libres en la Banca. ¿Y quién los elige? Nadie pero le dictan a los gobiernos lo que deben hacer y los caminos que deben tomar: Grecia a punto de quebrar es una buena muestra de esos consejos mercantiles.
¿Y nuestra música? Salvo las canciones de Sui Generis todo el resto era en inglés: Beatles, Credence, Neil Diamond y la naciente onda disco que bajo el alero de los Bee Gees (Bigis) nos hacía movernos cadenciosamente y emulando a Tony Manero, el de la película de Fiebre de Sábado por la Noche y de nuestro Festival de la Una con el acartonado Enrique Maluenda.
Así se me pasaron los años colegiales de inocencia y ternura y luego de la licenciatura me puse dark y anarco al iniciar una carrera o periplo por Latinoamérica hasta llegar a USA. Pero esa es otra historia… que contaré en otra ocasión.
Gracias amigos por leer estos recuerdos que son sacados de un baúl lleno, absolutamente lleno de recuerdos… Hasta la próxima.

hermosos recuerdos de mis tiempos de liceo, gracias freddy por tus hermosas palabras, yo no dí mi primer beso en esa plaza, pero sí un hombre que recordé siempre grabo un corazón con su nombre y el mio, nunca nadie más hizo algo así y hoy a estos 51 años creo que pudo haber sido el amor de mi vida... amigo mío Freddy, tú bien sabes quien es ese hombre, ya que también fue tu compañero...
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