¡Esa materia ¡no me incumbe!
Sin duda que las cosas rutinarias son las que más nos desmoronan. Las cosas de la materia, no nos deja pensar en lo maravilloso de la existencia. Somos una progenie que está muy cerca de la tierra, a veces demasiado, y no nos deja volar. Decía un escritor que leí, hace algún tiempo, que la persona más odiada es aquella que logra desplegar las alas y puede volar.
Pero, ¿cómo puedo pensar en desplegar mis alas, dar rienda suelta a mis pensamientos, si me están cobrando el arriendo? ¿o la cuenta de la luz eléctrica? ¿el agua? ¿la cuota del último par de zapatos? Estamos condenados a seguir en la vida, como entes en pena, sólo destinados a ser individuos sujetos al mercado.
Sabemos que hoy somos un ejemplo en la aplicación de un plan económico absolutamente perverso, que alguien decidió llamar “economía social de mercado”. Siempre me he preguntado, en qué parte de esta teoría aplicada está la parte “social”. Porque de “social” no creo que tenga mucho.
¿Cómo podemos hablar de aspectos sociales, si en Chile existen, por lo menos unos tres millones de pobres?
Dejemos de ser ingenuos. Las fisuras de nuestra loca economía neoliberal está enmarcada en que tiene muy poco de social.
De allí los esfuerzos del Presidente Ricardo Lagos, de dar ese carisma a la economía chilena. La gente no puede esperar, y “los pobres tampoco pueden esperar”, parafraseando al Papa Juan Pablo II.
Y continuo con sus frases, el sistema económico actual es “capitalismo salvaje”. Sin duda que lo es. Por lo tanto, debe ser humanizado y esa es la tarea de todos nosotros. Estamos viviendo bajo ese concepto, pero podemos hacerlo más humano, más creíble, más solidario. Por lo menos vemos en los esfuerzos del Primer Mandatario ese predicamento. Esperamos que la esperanza que hemos puesto en su administración nos de frutos con el paso del tiempo. Por el bien de todos nosotros, los simples seres humanos que llenamos este “larga y angosta faja de tierra”.
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